¿Como evolución, desarrollo y aprendizaje sostienen la cultura?

En esta entrada voy a explorar esa confluencia, apoyándome en la explicación integradora que el biólogo Enrico Coen describe en su libro Cells to civilization

“Si hay algo que ejemplifica la transformación de la naturaleza, es la vida en su acepción más amplia”.

Coen logra, con observación y capacidad creadora, establecer un relato que integra historia y forma.

Las relaciones históricas están claramente identificadas. Son cuatro mecanismos aparentemente inconexos que explican el poder transformante de  la vida.

  • Evolución.

Miles de millones de años de evolución han convertido seres vivos elementales (bacterias) en una miríada de seres vivos complejos que abundan el planeta.

Mecanismo: diferencias en el éxito reproductor.

  • Desarrollo.

Nueve meses son los que convierten un cigoto en un ser humano.

Mecanismo: proliferación, crecimiento y formación de patrones celulares.

  • Aprendizaje

Hace falta unos cuantos años para que un bebe se convierta en adulto: sintiendo, caminando, hablando y razonando.

Mecanismo: conexiones neuronales.

  • Cultura

Diez mil años han sido necesarios para  que pequeños grupos humanos se adapten a los rincones más inhóspitos de la Tierra y hayan construido civilizaciones urbanas que llegan hasta nuestros días.

Mecanismo: interacciones humanas de colaboración y competencia para entender el entorno.

Bodegon con guanabanas 1891. Francisco Oller. Museo de Arte de Puerto Rico

Se observa una secuencia temporal, en la que cada mecanismo depende de su predecesor.

Sin embargo, establecer un nivel de abstracción limpio de artefactos es complicado cuando se busca una respuesta a las relaciones de forma.

El primer descuido puede ser despistarse entre lo familiar (sentido común) y lo fundamental.

Por ejemplo es tan natural la facilidad que la especie humana tiene para fabricar instrumentos que  termina proyectando dicha habilidad en la explicación de un modelo de transformación de las formas vivas. Es lo ha ido originando las distintas religiones.

Hoy se sabe que a pesar de la natural habilidad mencionada, cuando la miramos con perspectiva evolucionista se trata de un descubrimiento reciente.

Otra distracción es el establecimiento de comparaciones y similitudes que desembocan en abstracciones equivocadas. Así es como  Ernest Haeckel explico el dicho popular de “que fue antes, el huevo o la gallina”. Un huevo fecundado recrea su  historia evolutiva a medida que se desarrolla. Evidentemente el desarrollo de un huevo está vinculado a la evolución, pero tratando de explicar el desarrollo del huevo como una repetición literal de las etapas evolutivas, hizo incurrir en error a este reputado biólogo del siglo XIX.

Por tanto, lograr ese nivel de abstracción acertado, supone conocer el funcionamiento completo de las transformaciones de lo viviente.

Así es como E. Coen propone 7 principios fundamentales que se correlacionan, retroalimentan y subyacen en el proceso: evolución – desarrollo – aprendizaje – cultura. Son los  ingredientes que están detrás de “su receta creativa para la vida” y que denomina: variabilidad en la población, persistencia, refuerzo, competencia, cooperación, riqueza  combinatoria y recurrencia.

Fórmula magistral con la que la vida se transforma a sí misma, manifestándose en la evolución de los seres vivos, el desarrollo de un huevo en un adulto, el aprendizaje de la relación con el entorno y los hitos de la cultura humana.

Volviendo a la idea presentada al comienzo de esta entrada, vemos que la manifestación cultural de la vida, se sostiene sobre la evolución, el desarrollo y el aprendizaje; con la particularidad de incorporarlas dentro de la cultura.

Es habitual explicar los cambios culturales desde la historia, sociología y economía para explicar el control del territorio, el liderazgo, la creatividad y  el desarrollo económico respectivamente. Dando a entender que la biología nada tiene que ver con la cultura, que los animales van por un lado y los humanos por otro.

Es por lo que aprecio la visión enriquecedora de E. Coen, al contemplar el cambio cultural como el proceso que conecta con los procesos biológicos tanto en forma como en historia.

Superada la curiosidad de lo que supuso el estreno de un nuevo milenio, la cultura se enfrenta a la realidad insoslayable y a una casuística de retos desconocidos.

Por volver a la temática de esta entrada ¿Cómo queremos que sea la alimentación humana? ¿Cómo se alimentaran 10000 millones de habitantes en el año 2050? ¿Cómo será la coexistencia intraespecie y supraespecie?

Una posible respuesta puede ser la receta para la vida propuesta por E. Coen. Veo en ella ese punto de referencia deseable para  establecer líneas estratégicas y de actuación coherentes para integrar la sostenibilidad del planeta. Y sobre estas construir los modelos de alimentación demandados por el siglo XXI.

 

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